El Soldado y el Guerrero.


Basta con una breve búsqueda por la web, para darse cuenta de que muchos de los métodos de entrenamiento de hoy día tienen un sesgo de militarismo, de guerra, de confrontación.

Existen programas ridículos con nombres del tipo: “Combat Training”, “Guerrilla Training”, “Missile Training” y otros despropósitos por el estilo. Hay WODs en Crossfit que llevan nombres de soldados caídos en combate. Tenemos los programas enteros de condición física de los Marines, los Navy Seals, Army Corps, Spetsnaz, Rangers, etc., todos pululando por internet.

Por un lado el mensaje primero y comercial es: si este entrenamiento puede preparar a un Seal, ¡imagínate lo que hará contigo!

Pero, cuidado. Quizás haya otro mensaje disimulado en esta tendencia: disciplinarnos. Convertirnos en soldados.


Deconstruyendo con Foucault.

En su gran libro “Vigilar y Castigar”, Foucault hace una reseña de los métodos utilizados por el poder, que permiten el control del cuerpo del otro y que garantizan el dominio de sus fuerzas, imponiéndoles una relación de docilidad-utilidad. A esto llama Foucault  "disciplinas".

Las disciplinas fueron en el trascurso de los siglos XVII y XVIII nuevas fórmulas de dominación. Eran distintas de la esclavitud, puesto que no se apropiaban directamente de los cuerpos y, sin embargo, obtenían con sutileza casi el mismo efecto de utilidad sin necesidad del acto de violencia implícita en la esclavitud.

La forma principal de dominación se daba a través de la ejercitación del cuerpo. Algunos de estos métodos de disciplina, por ejemplo, conseguían una uniformización a través de lo que Foucault llama “la retórica corporal del honor”. Así, a través de los desfiles, el honor se manifestaba corporalmente, mediante una cabeza erguida, hombros anchos, una cadencia de paso, un gesto grave y audaz.

La  disciplina, fabricaba así  cuerpos  ejercitados y a la vez sometidos: cuerpos "dóciles". Por un lado aumentaba las fuerzas del cuerpo (en términos económicos de utilidad desarrollaba un cuerpo más “productivo”)  y por el otro  disminuía  esas  mismas  fuerzas  (en  términos políticos de obediencia desarrollaba un cuerpo más sumiso).

Si la explotación económica separa la fuerza y el producto del trabajo, la coerción disciplinaria, según Foucault, establece en el cuerpo el vínculo de imposición entre una aptitud aumentada y una dominación acrecentada.

Estas disciplinas son distintas, sin embargo, al  ascetismo  las disciplinas de tipo monástico, que tienen por función garantizar renunciaciones más que aumentos de utilidad y que, si bien implican la obediencia a otro, tienen por objeto principal un aumento del dominio de cada cual sobre su  propio cuerpo.


El Soldado y el Guerrero.

Desde ya hace mucho, las artes marciales como disciplina también están insertas dentro del mundo de la cultura física, pero bajo un enfoque filosóficamente distinto: el dominio sobre uno mismo.

Las artes marciales (bien entendidas) siempre fueron el camino del guerrero, no el camino del soldado. Existen una gran cantidad de movimientos de actividad física en la actualidad que tienden a homogeneizar el pensamiento y no a estimular una búsqueda personal. Hay diferencias entre un guerrero y un soldado.

Un soldado está entrenado para obedecer órdenes, respetar la autoridad y someter a su proceso de pensamiento individual y voluntad a la jerarquía de mando. “El soldado no piensa, obedece”. Un guerrero, en cambio, es más independiente. Se involucra en la batalla por elección personal y no por obediencia a las órdenes. Un guerrero es capaz de hacer juicios morales y actuar en consecuencia. Un guerrero es flexible y adaptable, es capaz de actuar de forma independiente, así como ser un jugador de equipo. Un guerrero asume la responsabilidad de sus decisiones y acciones. Un guerrero es una persona con compasión que entiende el dolor y las consecuencias de sus acciones. Un guerrero entiende el horror de la guerra y no la busca.


El Marketing del Soldado.

En la segunda guerra mundial, un militar norteamericano era un tipo común mandado a la guerra. Hace ya algún tiempo que en EE. UU. y en muchos otros países el servicio militar no es obligatorio y solo se enlistan los que lo desean. Claro, entonces tiene que existir un marketing para que ser soldado represente un status ambicionado, de lo contrario los ejércitos no existirían.

Dentro del marketing del soldado, nos venden hoy la superioridad, ya no solo física, sino también de valores del militarismo (lealtad, deber, respeto, servicio desinteresado, honor, integridad y valentía personal). Y si bien estos valores están bien, la pregunta es a quién responden. Quiénes los utilizan y bajo qué fines. Quiénes necesitan un mundo en guerra, soldados bien dispuestos y preparados para entrar en acción de inmediato.

Usemos la actividad física y la disciplina para la paz, no para la guerra. No nos dejemos tentar, y no entreguemos nuestro cuerpo más que a las propias causas.


Acerca del Autor.

Juan Ignacio Arenillas, nacido en Buenos Aires en 1970, es uno de los secretos mejor guardados del deporte argentino (no lo conoce nadie). Recibido de Profesor de Educación Física en el INEF Romero Brest, se dedicó de inmediato a cualquier tipo de trabajo (siempre dentro de los límites de la decencia) que garantizara su subsistencia: dio clases de natación, animó fiestas infantiles, fue suplente en escuelas y monitor en viajes estudiantiles, entre otras muchas cosas para el olvido.

Continuó con estudios exageradamente variados en cursos, profesiones y oficios: Entrenador de Atletismo, Taller de Literatura, Investigación Científico Deportiva, Dirección de Cine, Entrenador de Triatlón, Carpintería, Computación, Timonel a Vela, etc.

Durante 15 años trabajó en la Secretaría de Deporte de la Nación, aunque jamás pisó la sede central y siempre (y por el bien del deporte nacional) fue mantenido en la filial de Ezeiza, en donde también se dedicó a hacer más o menos lo que se le mandase con más voluntad que ingenio. De esos años de gloria queda apenas el recuerdo de haber ser sido el ideólogo del Programa Nacer, tal y como hoy se lo conoce, como programa de entrenamiento en pruebas de fondo para personas con discapacidad mental.

Paralelamente durante esos años se dedicó a entrenar triatletas y fondistas, la gran mayoría amigos dispuestos a aceptar un mal plan a cambio de un magro pago.

En el año 2000 y, recomendado por un amigo (cuando no), le llega la primera gran oportunidad como Preparador Físico en el profesionalismo: una liga metropolitana en un deporte hasta entonces para él casi desconocido: el voleibol. Cinco años le llevó alcanzar un nivel de Liga Nacional y apenas unos pocos meses para irse al descenso en ese mismo 2005 con el Club Monteros de Tucumán.

A mediados del año 2008 y cansado ya de la falta de éxitos en su país, decide aceptar una oferta para continuar su derrotero (nunca mejor empleado el juego de palabras) en Europa, más precisamente en Austria como Preparador Físico del hotVolleys de Viena y de la Selección Nacional. El Voleibol le insistía. Allí continúa hasta el día de hoy, como Preparador Físico en la Selección, habiéndose ganado un reconocimiento excesivo a base de todo tipo de imposturas.

Imagen de Portada por jpellgen vía Flickr: https://www.flickr.com/photos/jpellgen/443806546/in/photostream/

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